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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Mi amiga Coatlicue


Mi amiga Coatlicue
© David Gómez Salas

—Tláloc, necesito platicar contigo—Me dijo Coatlicue cuando la encontré en el valle de la fertilidad. Y agregó: Una tarde noche fui a caminar al Cerro de la Serpiente, para asear el sitio y respirar su aire limpio. Y me pasó algo muy extraño que deseo contarte, para que me ayudes.

—Me da gusto verte—Contesté. Cuéntame.

—Gracias, dijo—Ese viento que se supone limpio y sagrado del Cerro de la Serpiente, pasó tenuemente bajo mi falda y de inmediato empecé a sentir cosas extrañas dentro de mí. Tiempo después fui con el curandero y dice que voy a tener un hijo.

Tú sabes que Mixcóatl está en tierras lejanas y regresará pronto ¿Qué hago, amo mucho a mi esposo? No sé como podré explicarle lo que me ha pasado.

—Conozco a Mixcóatl desde que era niño—Le dije. Lo recuerdo la mayor parte del tiempo, violento. Por eso pensé que nunca se casaría, pero con tu infinita dulzura, tu temple y firmeza; domaste su espíritu salvaje; y ya ves, se casaron.


Ahora tienes que juzgar si crees que el amor que existe entre ustedes alcanza para hacerlo comprender este milagro de los dioses. Es capaz de matarte si despiertas su ánimo impulsivo que ahora duerme. Es guerrero por naturaleza, es feroz e implacable ¿Qué dicen tus hijos?

—Ellos piensan que engañé a su padre, no creen en lo milagros. Estoy enterada que planean matarme para sacar de mi vientre al que será su hermano y entregar su cuerpo muerto a su padre—Me dijo. Creen que de esta forma le demostrarán a su padre que su honor ha sido vengado ¿Puedes ayudarme? ¿Crees poder protegerme de la ira de mis hijos y de mi esposo?

—Ve al monte sagrado—Contesté. Ahí estaré en forma de niebla, tan densa que nadie podrá ver sus propias manos. No podrán encontrarte. Pero debes ir de prisa, tu vientre está creciendo con mucha rapidez. Huye, en el monte sagrado no te faltará agua, ni alimento.

Desde el cielo, observé que los cuatrocientos hijos de Coatlicue habían salido en busca de mi amiga. Viajaban armados, deseaban destrozarla y posteriormente llevar su cuerpo en pedazos al cráter del volcán Popocatépetl. Para incinerarlo.

Comandaba el grupo de hermanos armados: Coyolxauhqui, llena de ira y sedienta de venganza. Todos los hijos de Mixcoóatl eran obsesivos por estirpe. Su padre era, ni más ni menos, que el dios de la persecución.

Avanzaron rastrearon palmo a palmo el monte sagrado, sabían que su madre era mi amiga y buscaría mi ayuda.

Como niebla protegí a mi amiga Coatlicue, avanzaron de manera muy lenta. Sin embargo, algunas serpientes y otras alimañas, que sintieron el paso de Coatlicue, informaron a este pequeño ejercito de desalmados, datos que le permitieron seguir su rastro.

Finalmente los hijos de Coatlicue la encontraron en el interior de una cueva, arribaron justo en el momento que estaba concibiendo a su hijo. Mi amiga Coatlicue se encontraba débil, no había nadie que pudiera defenderla. Era el mejor momento para que estos guerreros llevaran cabo sus crueles acciones.

Cuando todo parecía suponer que mi amiga sería asesinada…

Repentinamente del vientre de Coatlicue, salió su hijo Huitzilopochtli, nació completamente armado. Con fiereza, destreza y velocidad nunca antes vistas; Huitzilopochtli enfrentó y mató, uno a uno, a sus cuatrocientos hermanos. Su velocidad era 50 veces superior a la de cualquier guerrero humano.

Huitzilopochtli, era hijo de un dios. Sus hermanos no tuvieron tiempo de saberlo, perdieron la vida.

Huitzilopochtli, cortó la cabeza a su hermana Coyolxauhqui y la arrojó al cielo, ahí se quedó dando vueltas a la tierra, se convirtió en la Luna.

Mi amiga Coatlicue, diosa de la tierra y la fertilidad, diosa madre. Dio vida a Huitzilopochtli, dios de la guerra. Así fue como conocí los dos rostros de Coatlicue, el rostro de la vida con el nacimiento de Huitzilopochtli y el rostro de la muerte, por fallecimiento en batalla, de sus otros hijos.

Celebré que se preservara la vida, de quien representa la muerte. Me volví vapor de los océanos y fui al continente. Estuve como tormenta largo tiempo, por mi presencia no se vio el sol, ni siquiera un cielo nublado; el cielo estuvo negro. Sin visibilidad alguna para los seres vivos, inundé la tierra y muchos seres murieron. Sirvieron para abonar la tierra.

Soy Tláloc, no soy el dios de la lluvia, soy la lluvia misma; y también soy tormenta, tempestad, rayos, truenos, soy todos los peligros de ríos y mares.

Soy fuerza destructiva en forma de granizo, heladas, tormentas, sequías, inundaciones y rayos fulminantes.

También soy dador y protector de vida, fecundador de la tierra, germinador de semillas, esencia de la agricultura, bosques, selvas y manglares. Soy quien limpia la superficie de la tierra y el que da de beber al interior del planeta.

Soy Tláloc, soy Chaac , no soy dios de algo. Soy dios, un entramado de fuerzas divinas benéficas y destructivas.

Y Coatlicue… es mi amiga.

martes, 24 de febrero de 2015

Oirotagrup

Oirotagrup
Autor David Gómez Salas

Fui a visitar la tumba de mi amigo Pedro. Está enterrado en el panteón municipal de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; en la calle onceava oriente sur.  

Sus restos descansan a un lado de la tumba de una señorita que en vida se llamó Karina. La atropelló y mató, un camión urbano de pasajeros. Era actriz con enorme talento, simpatía y belleza, que amaba el teatro. Fue una versión femenina y digna que reunía las virtudes y eliminaba los defectos del Dios griego Dionisio y del Dios hindú Brahma. 

Repentinamente Pedro salió de su tumba y también apareció Karina al lado de la suya.

— Morto(*) en Oirotagrup—dijo Pedro. Es un lugar destinado a los muertos inconformes. Aquí estamos los que nos quedamos inconformes con lo que hicimos en vida.  Con las actividades  y conducta que tuvimos en vida. 

Aquí nuestro único oficio es ver y analizar la historia de nuestra vida.  Por este análisis personal, los que aquí mortamos,  estamos  arrepentidos de algunos de nuestros actos en vida.

— Yo habito en Oleic, región que abarca el Olimpo y el Monte Meru, situado en el centro del universo, ahí nace perpetuamente el firmamento de los sueños — dijo Karina.

— En Oirotagrup— dijo Pedro, hay muertos que en vida fueron gobernantes que organizaron guerras, que se enriquecieron con el dinero del erario público; políticos que sacaron provecho de los problemas sociales; delincuentes de tiempo completo; policías que se coludieron con los delincuentes; patrones que explotaron a sus trabajadores; empleados que robaron a los patrones; científicos que plagiaron ideas y trabajos de investigación; deportistas que hicieron trampas, artistas  insidiosos, etc. 

Oirotagrup no es lugar tridimensional, como el que se conoce en el universo físico de los vivos. Es un lugar que tiene millones de dimensiones y en esos millones de cielos simultáneos se exhiben, todas las vidas de los muertos inconformes.  Son millones de pantallas gigantescas que no se obstaculizan entre ellas y que pueden verse en cualquier dirección que se dirija la mirada. Todos podemos ver la historia real de lo que fue nuestra vida y también podemos ver como fue la vida de los demás. Todo en forma simultánea y permanente.

Si dentro de tu círculo de amigos, estudios, trabajo, deporte, empresa, dependencia de gobierno, comerciantes, maestros universitarios, científicos y demás; conociste a una persona que para alcanzar el éxito actuó sin escrúpulos. Si ya murió y está arrepentido quizás morte en Oirotagrup.

Entrenadores que predicaron que para ganar, se vale todo; empresarios fraudulentos, funcionarios públicos que elaboran informes falsos, políticos que se valen de todo para descalificar al adversario, investigadores que plagiaron trabajos de sus colegas; empleados que trabajaron bajo la ley del mínimo esfuerzo, etc. Probablemente, al morir, viajen a Oirotagrup o quizás a otro lugar menos agradable.

Oirotagrup es el sitio que alberga a los muertos inconformes que se sienten arrepentidos, aunque saben que "lo hecho, hecho está". Fue lo último que repitió Pedro antes de regresar a su tumba. 

Después de escuchar a Pedro, dirigí la mirada a Karina para observar su reacción. No sabía que también gozaba de la protección de Tonatiuh, dios de Sol. 

Karina levantó su brazo, abrió su mano y tomó un rayo del sol. Sobre la lápida de la tumba de Pedro, escribió - esculpió- el epitafio siguiente: 

Para vivir conforme con uno mismo, sin remordimientos de conciencia, para tomar vino por gusto y no para olvidar, para tener amigos y no cómplices, para sentir felicidad al terminar cada día; hay que guiar nuestras decisiones imaginando que al morir cada uno de nosotros escribirá su propio epitafio... o que conoce Oirotagrup .  

Karina no regresó a su tumba, se fue caminando por el aire directamente a Oleic. 

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* La palabra mortar no existe en español ni en otro idioma, la inventé cuando escribí el cuento que se llama La Voz.  A existir vivo se le denomina "vivir" -  A existir muerto lo llamo "mortar".

jueves, 4 de diciembre de 2014

El Diablo no existe
Autor David Gómez Salas
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Una vez...  cuando tenía 13 años, en cinco o seis ocasiones, me reuní con dos  amigos para ir al panteón municipal a las doce de la noche y jugar a que éramos valientes.   El panteón tenía en su interior calles angostas y algunas lámparas que proporcionaban una iluminación baja, apenas   suficiente para poder caminar por esas callejuelas. El resto del panteón era obscuro.
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El juego consistía en que uno de nosotros debía saltar al interior del panteón y los dos restantes  permanecer  en el exterior, sobre la barda del límite del terreno. Desde ahí podían ver si el que estaba dentro del panteón mostraba miedo en algún momento del juego. Esta vez me tocó la suerte de ser el que debía entrar al panteón.
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Siguiendo las reglas del juego, salté al interior del panteón caminé lentamente más o menos una distancia de 30 metros hasta llegar a una capilla negra que destacaba por ser la única de ese color en todo el panteón. La mayoría de las capillas y losas eran color blanco o ligeramente gris.  Existían algunas  capillas con  adornos color oro, plata, azul o rosa.  La capilla seleccionada era totalmente negra, no tenía ni siquiera una línea de otro color, poseía una apariencia muy macabra. 
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Al llegar a la Capilla negra, me paré dando la espalda a mis compañeros y esperé a que fueran exactamente las doce de la noche. A esa hora escuché las campanadas de la iglesia San Roque, y   terminar el último repique grite: tres veces :
--!Diabloooo, ven!
--¡Diabloooo, ven!
--¡Diabloooo, ven! 
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Tuve que  gritar muy fuerte para que mis gritos pudieran ser escuchados por los amigos que me observaban fuera del panteón.  Eran las reglas del juego.
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Después de gritar, giré y caminé lentamente hacia el punto donde estaban mis amigos.  Debía caminar sin prisas, para mostrar que no tenía miedo. Finalmente salté la barda para salir del panteón y reunirse con mis  amigos.  Cumplí con todos y cada uno de los pasos del  juego.  
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Según nosotros así demostrábamos que no teníamos miedo.  Nos alternábamos para entrar al panteón y quedarse afuera.  Dos veces me tocó llamar al Diablo. No pasó nada, nunca apareció el mentado Diablo. Tampoco cuando acudió cuando lo llamaron mis amigos.  Obvio, la existencia del diablo es un  cuento.
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Otra noche caminaba solo por la banqueta fuera del panteón, iba de paso,  y me habló un señor  viejo y sucio que estaba en el interior del panteón.
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--¡Muchacho, muchacho! ¿Porque has llamado al diablo en el panteón? ¿Acaso no sabes que el panteón es un sitio exclusivo para los muertos?-- Me dijo desde atrás de la barda.
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Al Diablo no lo vas a encontrar entre nosotros, los muertos. No tiene sentido que él venga a pervertirnos, nosotros no tenemos la opción de pecar. No existe forma que él entre a nuestro interior, no tenemos alma, él únicamente habita en los vivos.
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El alma es el botín por el que pelean las fuerzas de Dios y las fuerzas del diablo. Por eso los muertos no interesamos ni al bien ni al mal.
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Los vivos no pueden reconocer a los muertos, por eso vienen al panteón solo a recordarlos, no intentan verlos. Pero vi que tú, una  vez,   viniste al panteón a buscar al diablo ¿Te animas a pasar? ¿Crees que soy un muerto o crees que soy el diablo? ¿Quieres pasar, muchacho?
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---Los muertos apestan y el diablo no existe — le contesté.  Pero los que creen que existe el diablo dicen que también apesta y ahorita no tengo ganas de olfatear  malos olores.  Usted apesta pero eso no significa que usted sea un muerto o el diablo. Dije esto  y me retiré.
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No existe el diablo, ni deambulan los muertos, pero existen locos siniestros.

sábado, 27 de julio de 2013

El Diablo no va al panteón


El Diablo no va al panteón
Autor David Gómez Salas

A los 13 años jugaba con dos  amigos a demostrar que éramos valientes, jugábamos algunos domingos a las doce de la noche en el Panteón municipal.

El juego consistía en que uno de nosotros brincaba al interior del panteón y dos permanecían en el exterior  junto a la barda del límite del terreno;  y desde ese punto observaban al que estaba dentro del panteón.

El panteón tenía en su interior calles angostas y algunas lámparas que proporcionaban una iluminación media, suficiente para poder caminar e insuficiente para realizar otras actividades como leer.

El que estaba dentro del panteón caminaba aproximadamente 30 metros hasta llegar a una capilla negra, la única de todo el panteón. La mayoría de las capillas y losas eran de color blancas y  grises, también había capillas con algunas partes de color oro, plata, azul y rosa. Pero esta capilla era totalmente negra.  Parado a un lado de la capilla negra y dando la espalda a sus compañeros esperaba a escuchar las campanadas de la iglesia San Roque, anunciando que eran las doce de la noche.

Al terminar la última campanada debía de gritar fuerte tres veces :

--!Diabloooo, ven!

--¡Diabloooo, ven!

--¡Diabloooo, ven!

Los gritos debían ser muy fuertes para pudieran ser escuchados por los amigos que observaban fuera del panteón. Después de gritar, debía girar y caminar lentamente hacia el punto donde estaban los otros dos compañeros.  Np se valía caminar aprisa y menos correr.   Finalmente, sin prisas, debía saltar la barda para salir de panteón y reunirse con sus compañeros.

Así nos demostrábamos  que no teníamos miedo. Nos alternábamos para entrar al panteón y quedarse afuera.  Lo jugamos juntos seis veces, dos veces me tocó llamar al Diablo.  No pasó nada, nunca se apareció el Diablo y no jugamos más aquello.

Otra noche que caminaba, solo, por la banqueta fuera del panteón, me habló un señor que estaba en el interior del panteón.

--¡Niño, niño!  ¿Porque has llamado al diablo, en el panteón? ¿Acaso no sabes que el panteón es un sitio exclusivo para los muertos?--Me cuestionó.

Al Diablo no lo vas a encontrar entre nosotros, los muertos.  No tiene sentido que él venga a pervertirnos, nosotros no tenemos la opción de pecar.  No existe forma que él entre a nuestro interior, no tenemos alma, él únicamente habita en los vivos.

Los vivos al existir (vivir) tienen alma que la pierden al morir.  El alma es el botín por el que pelean el bien y el mal.  Los muertos al existir (mortar) solo tenemos un núcleo subatómico llamado Nuim, que no le interesa ni al bien ni al mal.

El Nuim es inmortal subsiste en los vivos y en los muertos, no va al cielo ni al infierno, solo permanece en el universo. Es materia con información subatómica para dar origen a la vida.  Al mezclarse con un alma, da origen e identidad a un nuevo ser vivo.

Los seres vivos nacen a partir de los muertos . Cada vida que surge de un mismo muerto es siempre diferente e incomparable y no recuerda las experiencias de otras vidas.

Al morir se es siempre el mismo muerto. Se recuerdan las experiencias de todas las vidas con el mismo Nuim.  Pero no podemos identificar, ya muertos, a los seres que conocimos vivos.

Entre los muertos no hay forma de encontrar a la novia, la esposa, hijos, padres ó amigos, que tuvimos en alguna de nuestras vidas. Los muertos solo podemos reconocer a los que siguen vivos, por eso tiene sentido que los muertos visitemos a los vivos.

Los vivos no pueden reconocer  a los muertos, por eso vienen al panteón solo a recordarlos, no intentan verlos.  Pero tú que viniste a ver al Diablo ¿Te animas a pasar a ver a los muertos?  ¿Quiere pasar, niño?

---Bueno, este.. me han dicho que el Diablo huele feo, que huele a azufre. Y también me han dicho que los muertos huelen feo. No sé como huele el azufre, pero... me parece que usted no huele muy bien. No podría saber si usted es el Diablo o es un muerto. Pero mañana regreso con un policía. --- contesté y me retiré corriendo.

Mientras huía, pensaba:
Que diablo, ni que muerto... pin*@/#& loco siniestro.

miércoles, 20 de marzo de 2013

LA TRAMPA DEL DIABLO



LA TRAMPA DEL DIABLO
Autor David Gómez Salas

Sucedió el 2 de noviembre,
en un pequeño panteón.
Acudí con mucho respeto,
a observar la tradición.

Totalmente inexperto soy
en cosas de religiones.
Pero si me interesa
conocer las tradiciones.

Ese era el interés,
el motivo, el asunto.
Observar como los vivos,
veneran a sus difuntos

De todo hay en esas fiestas:
Rezos, alimentos y flores;
dulces, música y cantores;
creyentes y detractores.

Al lado de una tumba
donde antes nada había.
Junto a una vela ardiente
apareció un papel
con el mensaje siguiente:

Soy un muerto arrepentido
de mi egoísmo en vida.
Por eso en este mensaje digo
lo que pasó en la otra vida.

Existe un sitio donde habitamos,
las almas de los que pecamos.
Ya muertos, inconformes estamos
con la vida que llevamos.

No es posible cambiar
la historia de la vida.
Lo hecho, hecho está.
Nada se podrá borrar.

Existen en este lugar
unas pantallas gigantes,
que exhiben sin ocultar
la vida de los farsantes.

En ellas todos vimos:
Gobernantes que robaron,
las guerras que organizaron
y como al pueblo engañaron.

También conocimos:
Como políticos vívales
se beneficiaron siempre
de los problemas sociales.

En fin, miles de transas vimos.
Mentiras y simulación.
Científicos que plagiaron ideas
y trabajos de investigación.

Deportistas tramposos
y entrenadores ambiciosos,
ahora están avergonzados
de los trofeos ganados.

Pero hay un caso especial,
es el caso de Luzfino.
Caso extremo del mal
que vivo, fingió ser divino.

Luzfino ya no tiene secretos,
su vida real conocimos.
A través de este sistema
todas sus transas, vimos.

Cuando en vida nos gobernó,
muchas veces nos mintió.
Y todo lo que simuló
ahora se descubrió.

Los padres de Luzfino
las transas de su hijo, vieron.
Sus almas se entristecieron
y entre lágrimas, dijeron:

Como pudo ser tan cruel,
tan voraz y ambicioso.
Que pena sentimos por él
será un muerto pernicioso.

En tráfico de influencias,
fraudes y peculados;
Luzfino, con paciencia,
adquirió gran experiencia.

Muerto el perverso ser,
su alma se puso a pensar...
Lo que podría hacer,
para de nuevo gozar
el placer del poder.

Organizó una reunión
y dijo con emoción:
Les tengo una propuesta,
escuchen con atención.

En vida fuimos canallas
y actuamos con cinismo,
ignoremos las pantallas
y hagamos de nuevo lo mismo.

En radio y televisión
había un tema prohibido.
No existía la pobreza,
no era tema divertido.

Temas importantes eran:
La vida de las artistas
y la de los futbolistas

Millones de veces dijimos:
no hay devaluación,
somos gobernantes honrados,
es feliz la población.

Terminó la delincuencia,
la policía no es el hampa.
Son honestidad y decencia,
a nadie su imagen, espanta.

Mil veces anunciamos:
Nuestra economía está sana.
Con propaganda dijimos
lo que nos dio la gana.

Despertó gran entusiasmo,
lo apoyó la mayoría.
Lo nombraron su líder
con gran algarabía.

Salvarlos, prometió Luzfino,
de aquel frío lugar.
Y dijo, los voy a guiar:
Síganme por este camino.

La promesa se cumplió:
Los salvó del frío de invierno,
con la trampa que tendió
¡Se los llevó al infierno!

martes, 19 de marzo de 2013

MUERTOS INCONFORMES (David Gómez Salas, el Jaguar)



MUERTOS INCONFORMES
Autor David Gómez Salas

Imagina que existe un lugar ocupado por muertos inconformes con ellos mismos, a causa de la conducta que tuvieron en vida. 

También imagina que después de muertos, ellos han tenido la oportunidad de ver y analizar continuamente la historia de su vida; y a partir de ese análisis individual, en este sitio se encuentran los que se han arrepentido de algunos actos (nunca es tarde, dice un refrán).

Por mencionar algunos ejemplos (perdón por las omisiones), se trata de muertos que en vida fueron: gobernantes que organizaron guerras y/o se enriquecieron con el dinero del erario público; políticos que sacaron provecho de los problemas sociales; delincuentes de tiempo completo; policías que se coludieron con los delincuentes; patrones que explotaron a sus trabajadores; empleados que robaron a los patrones; científicos que plagiaron ideas y trabajos de investigación; etc. 

En esta historia existen dos reglas muy sencillas, que siempre se cumplen:

1. No existe manera de cambiar la historia de lo que fue la vida, incluyendo su muerte.

2. Todos pueden ver la historia real de la vida de los demás. 

Además, existe la opción de que: “Siempre hay esperanza de un futuro mejor”. Los logros que pueden obtenerse con esta opción, dependen de la voluntad del muerto y de algo más,... que les contaré a final. 

Recuerda dentro de tu círculo de amigos, estudios o trabajo a: algún un equipo de fútbol u otro deporte, una empresa, una dependencia de gobierno, un grupo de comerciantes, un grupo de maestros universitarios, o cualquier grupo de trabajo formado por personas que usted conozca; y sepa que desean alcanzar un éxito deportivo, económico, político, científico, comercial, etc. 

Ojalá no hayas conocido entrenadores que le dicen a sus jugadores que para ganar, se vale todo; espero no conozca empresas que acuden a practicas incorrectas para alcanzar mayores utilidades; no conozca funcionarios públicos que elaboran informes con datos irreales; no conozca políticos que se valen de todo para descalificar al adversario; no tenga la mala suerte de conocer a investigadores que copian los trabajos de sus colegas; ni haya conocido algún empleado que trabaja bajo la ley del mínimo esfuerzo.

Para vivir conforme con uno mismo, para no tener remordimientos de conciencia, para tomar vino por gusto y no para olvidar, para tener amigos y no cómplices, ó para que al anochecer se pueda sentir felicidad por la actividad diaria; podríamos guiar nuestras decisiones imaginando que al morir a cada uno de nosotros nos tocará escribir nuestro epitafio, o suponer que realizamos una visita al sitio imaginario descrito en el primer punto de este articulo. No puedo creer que existan personas amorales (que no distinguen el bien y el mal), por lo tanto no tengan escrúpulos.

En el primer punto señalé que al final del relato  mencionaría “ese algo más que se requiere para alcanzar un mejor futuro”. Bajo mi punto de vista, ese algo más es: LA FÉ. Desde el punto de vista religioso es la fe en Dios; desde el punto de vista humano es la fe en uno mismo, el deseo de ser una persona de bien. Así no intentará engañarse a sí mismo.

Esta historia continuará en el MICTLÁN..

martes, 5 de marzo de 2013

LA VOZ (David Gómez Salas, el Jaguar)



LA VOZ

Autor Davd Gómez Salas (El Jaguar)

“Los seres vivos nacen a partir de los muertos y después de un periodo de tiempo, mueren para ser nuevamente lo de siempre: muertos”. Eso me platicó un amigo muerto.

Al hecho de existir como muertos lo llamamos: “mortar”. Igual que los vivos llaman al hecho de existir: “vivir”—me dijo.

He vivido varias veces, he poseído varias vidas, siempre han sido distintas. También he estado largos periodos muerto, y en todos esos periodos soy siempre el mismo.

Al vivir, en cada vida he interpretado un personaje distinto, las experiencias en cada vida son siempre diferentes e incomparables.

Sin embargo, al mortar recuerdo las experiencias de todas mis vidas y periodos de muerto, soy la suma de todas mis formas de existencia.  Todo al nacer se olvida, durante esa vida.

He mortado en la tierra, el aire, los mares y en el universo. El universo de los muertos es infinitamente más grande que el universo de los vivos, es imposible encontrar o saber como son, de muertos, aquellos seres que conocimos vivos.

Y en ese inmenso universo no hay forma de encontrar a la novia, la esposa, hijos, padres ó amigos, que tuvimos en alguna de nuestras vidas. Los muertos solo podemos reconocer a los que siguen vivos, por eso los muertos visitamos a los vivos. A los que alguna vez amamos y, a veces, a alguien que nos hizo daño cuando éramos vivos.

¿Supiste que mi hermano enloqueció?

No lo sabía—contesté. No quise saber nunca más algo sobre él, porque creo que él te mató. Nunca creí lo de tu suicidio.

Pues enloqueció—me dijo, esbozando una pícara sonrisa; y agregó: dicen que su conciencia le hablaba, que oía mi voz en las noches…

miércoles, 27 de febrero de 2013

LA NOTA. Cuento del Jaguar




LA NOTA
Autor David Gómez Salas (El Jaguar)

Fui a la casa de Juan, un amigo pescador. No estaba, pero encontré una nota con el relato siguiente:


Un tiburón gata atacó a Felipe, le arrancó el estómago y los intestinos. Le quedó un agujero a la mitad del cuerpo. Murió sorprendido porque la gente siempre le dijo que la gata era un animal pacífico.

Para sacar un caracol de su concha los pescadores le hacemos un pequeño orificio a la concha en el extremo y por ahí picamos al animal en la parte más interna de la concha, al mismo tiempo lo jalamos por la parte más externa. Solo así podemos sacarlo de su concha.


Si alguien jala al caracol para sacarlo a la fuerza de su concha, sin picarle por el otro extremo, el caracol se infla dentro de la concha y ya no puede ser extraído por más fuerte que sea el pescador. Cuando esto sucede, lo único que queda es romper en pedazos toda la concha para separarlo.


Sin embargo la gata succiona con tanta fuerza que es capaz de extraer el caracol de su concha. Con la boca chupa con tanta potencia que extrae al animal y se lo traga. La concha vacía sube con violencia a la superficie del agua y vuela casi dos metros arriba del mar.


Pues eso le pasó aquel día a Felipe. La gata, lo chupó como a un caracol.


Dos días después de su muerte, en la noche, Felipe me visitó.


Estoy muerto de coraje—me dijo. Porque entre los muertos también existe la idea que la gata es un animal pacífico.


Tienen razón—contesté. La gata te atacó porque le disparaste con el arpón para matarla. Es un animal pacífico, pero al ser agredido, se defendió.

No recuerdo eso—dijo Felipe.


Es raro—le contesté. Sucedió apenas anteayer.


No puede ser—dijo Felipe. Pues morí hace ya un mes. Por borracho, me intoxiqué.


No quise escuchar más. Me busqué en el espejo y no me encontré, sentí un vacío en el estómago…


No me busquen.


Juan

lunes, 18 de febrero de 2013

LA FIESTA DE LA MUERTE (David Gómez Salas, el Jaguar)



LA FIESTA DE LA MUERTE
Autor David Gómez Salas

La Muerte, incansable pendenciera,
celebraba que podía llevar al panteón,
a cualquiera, al que quisiera. 
Sin importar su condición

Al culto  y  al ignorante,
Al humilde y al arrogante.
A mujeres, hombres y homosexuales.
A locos, cuerdos, ateos y creyentes.

Me llevo ancianos, jóvenes y niños.
Cantaba la Muerte, sonriente.

La huesuda percibía adecuado el ambiente
(México, su referente)
para tener muchos clientes.

Tomó mucho Tequila y luego gritó, con esmero:
¡Viva la televisión!
¡Viva el clero!
¡Viva la corrupción! 
¡Viva el voraz extranjero!

lunes, 4 de febrero de 2013

LA LLORONA, autor David Gómez Salas


LA LLORONA (resumen del jaguar)

Don Gilberto Hernández y Rubio de Martínez y Nevárez, de rancio abolengo, causó muchos pesares por fatuo y prejuicioso; recitaban los juglares.

Este oidor del santo oficio, racista engreído, enamoró a Susana de Leyva y Borja; y fue correspondido.

Fue algo inusitado, de difícil comprensión, porque siendo la más hermosa, la que todos pretendían, escogió la peor opción:

Amar a quien nunca quiso ser su marido, no tenía ningún sentido. 

Cuando ella le pedía que se casaran para darles a sus tres hijos su apellido. Él la daba un beso, tres monedas y un silencio empedernido.     

Gilberto, ridículo como su apellido era ignorante, cabeza dura y de criterio retorcido. No se casaba porque su mente enfermiza pensaba que él era de raza pura y ella era mestiza. 

Un domingo en misa, Susana escuchó la amonestación que anunciaba la boda de Gilberto con Marcela. Uff, que traición.

Toda la concurrencia la miró, se burlaron de ella y cuchichearon. Sin compasión, su dignidad y autoestima, destrozaron.

No reclamó a Gilberto su traición, solo le pidió que no la abandonara. Como respuesta recibió injurias y violentas cachetadas. La delicada y preciosa mestiza se llevó desproporcionada paliza.  

Un mes después estaban en el altar Marcela Jiménez de Alanís y Ballesteros y Gilberto Hernández y Rubio de Martínez y Nevárez; con gran devoción y animo religioso-fiestero. 

Vestida de blanco Susi se acercó a ellos, parecía la madrina de lazo, Mató a los dos a puñaladas, así vengó los rechazos, engaños y garrotazos.

Corrió a su casa, recogió a sus hijos y huyó, la perseguía la policía.  Casi la alcanzan al arribar al río y como sabía que el santo oficio la torturaría y muerte lenta le daría. Degolló a sus hijos los tiró al río y clavó la daga en su corazón…

Seis muertos, víctimas de los prejuicios y la ignorancia, que aberración.

Ahora en ciertas noches en el río o algún punto de la ciudad, se escucha un llanto. Y un vestido blanco flota, en la obscuridad.

La leyenda mexicana de “La llorona” es del siglo XVII. Resumen escrito por el Jaguar (David Gómez Salas)