sábado, 9 de marzo de 2013
NIÑO DE SIETE AÑOS
NIÑO DE SIETE AÑOS
Autor: David Gómez Salas (El Jaguar)
Dedicado a Friedrich Gauss
Un maestro indolente,
quiso mantener ocupado
a un niño inteligente.
Dijo el maestro malvado:
sumarás del uno al cien
y me darás el resultado.
Pensó con gran desdén
ya me deshice de él,
por largo tiempo, que bien.
Pero, cinco minutos después,
el niño dijo: ¡Ya está!
El resultado es: 5,050 ¿verdad?
El niño explicó:
1+100, ciento uno
2+99, ciento uno
3+98, ciento uno
4+97, ciento uno
5+96, ciento uno
Y así sucesivamente,
da 50 veces ciento uno.
Y es muy fácil la cuenta:
50x101 = cinco mil cincuenta
viernes, 8 de marzo de 2013
FOTOSÍNTESIS
FOTOSÍNTESIS
Autor David Gómez Salas
Dignidad, vives en la poesía y por ti la poesía brilla.
Mujer, privilegio de la vida. Por ti, mi vida es una maravilla.
Amor, sentimiento sublime. Sin ti, existiría sin alegría.
Pero sin la vegetación, todo lo anterior irrelevante sería.
Sin el preciado oxígeno que mi sangre purifica,
no habría existido; y en el vacío… nada aplica.
AMENAZA MUNDIAL (David Gómez Salas, el Jaguar)
AMENAZA MUNDIAL
Autor David Gómez Salas, el Jaguar
Dedicada a los niños enojones
Un rey enojón se puso a gritar:
Señoras y señores
con tantos seguidores
un ejército puedo formar.
Enojones y gritones,
aquí se pueden inscribir,
hagan una fila, sin empujones
y prohibido sonreír.
Los enojones se formaron,
todos sin sonreír.
Seremos millones, imaginaron,
al mundo haremos sufrir.
El mundo dominaremos,
nadie se divertirá,
caras feas veremos
y alegría nunca habrá.
Un enojón emocionado,
sonrió descontrolado.
Como la traición, todos la vieron,
de la fila lo corrieron.
Otro enojón, concluyó:
¿Formado, sin empujones?
esto no tiene sentido.
Así, mejor me retiro.
Para no relatar caso por caso,
el final de este cuento, les diré:
No hubo ejército, fue un fracaso.
No se cumplió la amenaza,
ningún acuerdo alcanzaron,
entre ellos mismos se enojaron
y cada quien se fue a su casa.
Segundo lugar en el concurso de Literatura Alegsa. Año 2009.
http://www.alegsa.com.ar/Foro/viewtopic.php?f=7&t=3791
jueves, 7 de marzo de 2013
Aaaaá (David Gómez Salas, el Jaguar)
¡Aaaaá!
Autor David Gómez Salas
¿Elecciones? ¿Para que?
si ya inventaron sus leyes
Y sin el voto ciudadano
en el congreso son reyes
¡Aaaaá!
Para que tanta presunción
del presidente del senado,
si toda la raza sabe
que por él nadie ha votado.
¡Aaaaá!
En la cámara de diputados
mismas fullerías aplicaron,
presidente y coordinadores
con cero votos arribaron.
¡Aaaaá!
Si cero votos obtuvieron
son congresistas “Cero”.
Y por más glamour que presuman
su linaje es chapucero.
¡Aaaaá!
Ambiciosos golpistas
causa de grandes males
secuestradores de la democracia
legisladores plurinominales.
¡Aaaaá!
LAS PALABRAS SOBRAN
LAS PALABRAS SOBRAN
Autor David Gómez Salas, el Jaguar
Esta es la historia de un incendio que causó la muerte de un amigo; y mató el prestigio de un ingeniero…
1. El paraísoEn aquella época vivía en Cancún y trabajaba en un centro de investigación ubicado en Puerto Morelos, Quintana Roo. De este pequeño poblado partían barcos de carga a la isla de Cozumel. Eran barcos maltrechos que transportaban vehículos, maquinaria, combustibles, materiales de construcción, alimentos y otros productos.
En el mar Caribe existe el segundo arrecife coralino más grande del mundo, va desde México hasta Honduras, el arrecife forma una barrera paralela a la costa. En la franja de mar ubicada entre la costa y la barrera de coral, abundaban: peces, Tortugas, langosta y el caracol.
En esa época, vivíamos pocos habitantes en el Estado de Quintana Roo y el mar no estaba sobreexplotado. Puerto Morelos tenía seiscientos habitantes.
Cuando pescábamos, era para el consumo de la familia, sacábamos solo lo que se podía comer en uno ó dos días. Así consumíamos producto fresco y no era necesario tener un congelador grande en casa.
Para efectuar este tipo de pesca, nadábamos en la superficie del agua viendo el fondo marino con el visor y respirando a través de un snorkel. Nos sumergíamos a puro pulmón, aguantando la respiración bajo el agua y cazábamos.
Al caracol indefenso, simplemente lo levantábamos con las manos.
Se pescaba acompañado de algún amigo, para protegerse mutuamente en caso de que apareciera algún tiburón. La naturaleza nos daba todo, solo había que tomarlo con cuidado.
2. El infierno
En este puerto había un barco llamado “El Vagabundo”, que transportaba del continente a la Isla, diesel y tanques con gas para uso doméstico. Un día, como a las seis de la tarde, empezó un incendio en “El Vagabundo”, nunca supe bien como empezó. Cualquier chispa o cigarro encendido pudo ser la causa, pues el barco transportaba casi siempre algunos tanques de gas en mal estado; y combustibles en envases muy desgastados.
Cuando inició el incendió se celebraba una reunión de trabajo en la terraza de un hotel, ubicado a 250 metros del muelle. Los que participábamos en la reunión observamos la columna de humo que salía del muelle. Diversas construcciones impedían ver el muelle, y solo era posible ver la parte alta de la columna de humo, desde esa terraza.
Oscar, Juan y yo queríamos ir al muelle para saber que estaba ocurriendo; sin embargo, el jefe y la mayoría de los investigadores que participaban en la reunión dijeron que la reunión debía continuar.
—Que malditos son—dijo Juan en voz baja, cuando nos presionaron a permanecer en la junta de trabajo.
Por tolerancia nos quedamos en la reunión hasta las siete de la noche. Al terminar la junta, el cielo ya estaba oscuro y se veía el resplandor rojo del fuego.
—Corramos—les dije, y fuimos rumbo al muelle
Nos acercamos a ayudar. Necesitábamos saber sí había personas atrapadas en el barco, sí era necesario transportar a alguien, o quizás hacer llamadas por teléfono. En esa época solo había cinco líneas telefónicas en todo el pueblo. Una, en nuestra oficina.
Supimos que varios pescadores y estibadores se habían acercado en lancha a “El vagabundo”, y se mantenían atentos con la intención de localizar a todos los trabajadores del barco.
—Faltan tres compañeros—nos dijo un pescador que apodaban el potro: El participaba en la búsqueda de sobrevivientes. –No nos iremos hasta saber que les pasó—agregó.
Esa tarde aprendí que al quemarse el diesel genera una gran cantidad de calor y provoca una reacción en cadena, debido a que la parte en combustión calienta al demás diesel.
El diesel almacenado se calienta, produce vapor y sale con presión del contenedor.
El diesel derramado fuera del barco también se calienta y forma una capa de vapor que facilita se extienda el incendio.
Podía observar la capa de diesel que flotaba sobre el agua del mar, y que al calentarse ardía sin mezclarse con el agua.
Además unos tanques de gas explotaban y otros salían disparados del barco, ya que el calor elevaba la presión del gas dentro del tanque y desprendía la válvula, dejando en el tanque un orificio por donde salía con fuerza el gas caliente. El tanque se convertía en un cohete de “propulsión a chorro”, impulsado por la descarga del gas.
Los tres queríamos acercarnos al barco, primero lo intentamos hacer por el muelle, pero no era posible establecer un acceso, debido a que las llamas provenientes de la embarcación medían más de diez metros de alto e inclinadas por el viento, envolvían todo el muelle.
Así que decidimos acercarnos a nado, por el lado sur del muelle. Corrimos a un terreno aledaño y por ahí bajamos a la playa; al entrar al mar, sentimos que el agua estaba caliente, pero soportable sí se evitaba el contacto con los ojos. Sin embargo, conforme avanzamos al barco sentimos el agua cada vez más caliente.
Al alejarnos apenas treinta metros de la playa, aún lejos del barco, el agua estaba casi hirviendo, por lo que no fue posible acercarnos más. Nos quedamos parados dentro del agua observando, con la esperanza de que saliera alguien por ese lado.
—¿Qué hacemos?—preguntó Oscar. El agua está hirviendo alrededor del barco, explicó.
De pronto, entre las llamas salió disparado un tanque de gas hacia nosotros, rebotó una vez contra la superficie del agua, se estrelló de nuevo en el agua cinco metros antes de pasar sobre nuestras cabezas, siguió de largo para impactarse contra un trailer estacionado a treinta metros de la playa, y rebotó de nuevo hasta la playa. Todo sucedió en dos segundos. El tremendo golpe deformó la pared del trailer, dejando una enorme abolladura.
Un instante antes de que el tanque de gas pasara sobre nosotros, por instinto nos sumergimos en el agua para esquivar el golpe. Bajo el agua escuchamos el estruendo del choque contra el trailer, y al salir del agua ya estaba deformada la pared del trailer y el tanque en la playa.
La preocupación que sentíamos por los trabajadores del barco desaparecidos, no nos permitía retirarnos del lugar, pues pensábamos que sí habían saltado al mar, podrían salir a la playa por ahí o podríamos verlos flotando.
Así que caminamos por la playa al sur y nos metimos de nuevo al mar, primero nadamos rumbo al oriente separándonos de la costa y después nadamos al norte para acercarnos al barco en llamas. Se suponía que la corriente marina fría que va de sur a norte, ayudaría a que el agua del mar estuviera menos caliente por esa ruta.
Pero el mar estaba casi hirviendo en un círculo de influencia como de cuarenta metros alrededor del barco, por lo que no era posible acercarse más. Había que hacerlo utilizando una lancha, como ya lo hacían otros. Así que regresamos a la playa junto al muelle donde había sucedido lo del tanque de gas, porque ahí podíamos estar cerca del barco y observar sí salía alguien vivo o muerto.
Nos metimos al mar y nos acercamos hasta donde lo permitía la temperatura del agua. Esperamos y a las diez de la noche vimos que salía del mar un hombre que no conocíamos, al estar con nosotros dijo que pertenecía a la tripulación del barco. A pesar de tener todo el cuerpo quemado, estaba consciente.
—Debo avisarle al patrón—nos dijo. El sobreviviente deseaba llamar por teléfono a sus jefes para informar lo sucedido. Hasta que lo hizo, aceptó ser trasladado por la cruz roja a Cancún, para recibir atención médica.
Esa noche nos quedamos en una explanada junto al muelle hasta las dos de la mañana. Después nos fuimos a nuestras casas.
3. El juicio
A las ocho de la mañana regresé a Puerto Morelos y fui al muelle, al mismo sitio que la noche anterior era un infierno. El paisaje era un contraste, había poco viento y el sonido del oleaje era tenue, parecía que el mar guardaba silencio en memoria de los muertos.
Las olas borraban las huellas y la playa blanca lucía lisa y tersa. El mar recuperaba la belleza del caribe, se mostraba limpio, transparente, con diversos tonos de color azul, como el cielo.
En el centro del pueblo se escuchaban llantos de familiares y amigos de quienes perdieron la vida, se observaban rostros con dolor, tristeza y desconcierto. Pasaron muchos días para que los habitantes lograran asimilar lo ocurrido, y mostraran de nuevo su alegría característica.
Me enteré que había muerto un amigo, hallaron su cuerpo prensado entre el barco hundido y el fondo del mar, junto al muelle. Su esposa e hijos vivían frente a la plaza, el llanto de ella se escuchaba desde la calle. A medio día la visitaron algunos políticos y le dieron el pésame.
En una esquina frente a la plaza encontré unos amigos que eran pescadores y estibadores. Lo que hice fue saludarlos y permanecer cerca de ellos, casi sin conversar. Era la costumbre de los que vivíamos en el pueblo. Los amigos nos reuníamos casi todas las tardes y dependiendo del estado de ánimo, jugábamos básquetbol, hablábamos o simplemente escuchábamos la música del restaurante de la “China”, que estaba junto al faro. La “China” era la mujer más bonita del Pueblo y probablemente del mundo.
—La china solo tiene un defecto—decían en broma los hombres del pueblo. Se referían al gringo, su esposo.
Después de estar juntos más de una hora, se acercó un ingeniero que también vivía en el pueblo. Era originario del norte del país y conservaba la conducta y costumbres de su tierra. Destacaba su estilo norteño, diferente a la gente de la costa, con ropa y sombrero vaquero. El ingeniero saludó y se puso a hablar, todos lo escuchamos con atención casi sin hacer comentarios; después de diez o quince minutos, mis amigos se despidieron y el ingeniero se quedó platicando solo conmigo.
—Mira a estos cabrones—dijo el ingeniero, refiriéndose a mis amigos, dejaron de platicar con nosotros y se fueron a sentar al centro de la plaza, lo cual significa que no tenían ganas de platicar con nosotros. Ahí están sin hacer nada, simplemente nos dejaron.
Continuó conversando conmigo hasta que pasó por el sitio otro amigo y compañero de trabajo.
—Adiós—dijo y se fue platicando con él.
Caminé al sitio donde se ubicaba el asta bandera, a un lado de las canchas de básquetbol en el centro de la plaza. Me senté en el piso junto a mis amigos, solo los saludé con la mirada.
—¿Por qué se retiraron cuando platicaban con el ingeniero?—pregunté cinco minutos más tarde.
—El ingeniero es bueno para conversar, pero yo no iría a pescar con él, pues creo que él me dejaría si aparece el animal—contestó el Potro, un pescador y estibador de 22 años de edad.
Cuando los pescadores encontraban a un tiburón con comportamiento amenazante, decían: se me apareció el animal.
El Potro y los demás, sabían que el ingeniero no había ayudado la noche del incendio. Sin embargo no lo mencionaron, porque hay ocasiones en que las palabras sobran.
miércoles, 6 de marzo de 2013
ESTO SIENTO (David Gómez Salas, el Jaguar)
ESTO SIENTO
Autor David Gómez Salas (El Jaguar)
Leo y escribo
por disfrutar
mi existencia.
Al leer y escribir
vivo sin límites,
mezclo fantasías
con la ciencia.
Viajo por el tiempo
y en Dios, pienso.
Doy rienda suelta
al amor
y buen humor.
Al espacio infinito
convierto
subconjunto del amor.
Me apasiono por:
mi patria,
mi planeta,
mi familia,
mis amigos,
y mis muertos queridos
...siempre vivos.
PRECURSORA DE MI EXISTENCIA
PRECURSORA DE MI EXISTENCIA
Autor David Gómez Salas
Mujer: fuente
de todo el calor
del firmamento
infinito y disperso,
Vivo por ti,
porque respiro el amor
que emana de tu corazón
y da vida al universo.
Eres precursora
de mi esencia,
origen y destino
de mi existencia.
martes, 5 de marzo de 2013
HERMANO
HERMANO
Autor David Gómez Salas
Recuerdo con tristeza a un amigo
que quise como a un hermano.
De los trece a los diecisiete años,
crecimos juntos, les digo.
Después me fui de aquella ciudad
dejé de verlo siete largos años.
Un día regresé a visitarlo.
en Navidad y fin de año.
Mis paisanos me dijeron
murió hace casi un año.
Unos dicen: se suicidó
Otros: lo mató su hermano.
Mi amigo, tenía gran temple,
era valiente y equilibrado.
Exitoso con las mujeres,
con dinero y honrado
No lo imagino pesimista
deprimido, ni derrotado
Quise ver a su madre, una santa.
Sus hermanas me bloquearon,
no pude cruzar la puerta;
el acceso, ellas cerraron.
Me dieron un argumento extraño:
Tu presencia la hará recordar
cuando vivía feliz mi hermano
y al verte volverá a sufrir.
¡Por eso te debes ir!
Aunque no les creí
por prudencia me retiré
Recordé a mi gran amigo
y dentro de mi… lloré.
Han pasado muchos años
de aquellos acontecimientos
Pero en este caso, el tiempo
no ha borrado mi descontento.
LA VOZ (David Gómez Salas, el Jaguar)
LA VOZ
Autor Davd Gómez Salas (El Jaguar)
“Los seres vivos nacen a partir de los muertos y después de un periodo de tiempo, mueren para ser nuevamente lo de siempre: muertos”. Eso me platicó un amigo muerto.
Al hecho de existir como muertos lo llamamos: “mortar”. Igual que los vivos llaman al hecho de existir: “vivir”—me dijo.
He vivido varias veces, he poseído varias vidas, siempre han sido distintas. También he estado largos periodos muerto, y en todos esos periodos soy siempre el mismo.
Al vivir, en cada vida he interpretado un personaje distinto, las experiencias en cada vida son siempre diferentes e incomparables.
Sin embargo, al mortar recuerdo las experiencias de todas mis vidas y periodos de muerto, soy la suma de todas mis formas de existencia. Todo al nacer se olvida, durante esa vida.
He mortado en la tierra, el aire, los mares y en el universo. El universo de los muertos es infinitamente más grande que el universo de los vivos, es imposible encontrar o saber como son, de muertos, aquellos seres que conocimos vivos.
Y en ese inmenso universo no hay forma de encontrar a la novia, la esposa, hijos, padres ó amigos, que tuvimos en alguna de nuestras vidas. Los muertos solo podemos reconocer a los que siguen vivos, por eso los muertos visitamos a los vivos. A los que alguna vez amamos y, a veces, a alguien que nos hizo daño cuando éramos vivos.
¿Supiste que mi hermano enloqueció?
No lo sabía—contesté. No quise saber nunca más algo sobre él, porque creo que él te mató. Nunca creí lo de tu suicidio.
Pues enloqueció—me dijo, esbozando una pícara sonrisa; y agregó: dicen que su conciencia le hablaba, que oía mi voz en las noches…
lunes, 4 de marzo de 2013
¿QUE SIGUE DESPUÉS DE LA MUERTE?
¿QUE SIGUE DESPUÉS DE LA MUERTE?
Autor David Gómez Salas (El Jaguar)
Dedicada a Jona Jasqui Dabbah
Cuando muere un ser querido, escuchamos de los creyentes desear que el alma del ser querido, descanse en paz. Escuchamos oraciones pidiendo a Dios que reciba su alma en el reino del cielo.
Los cristianos creen que existe el cielo, para alojar el alma de los que en vida tuvieron una conducta buena; y existe el infierno, para alojar el alma de los que en vida tuvieron una conducta mala.
Algunas personas creen en la reencarnación y consideran que el renacer del alma está determinado por los hechos de su antigua vida: los malos regresan como insectos, los buenos como personas.
Otras personas que creen en la reencarnación, explican su punto de vista, ejemplificando la vida como una gran rueda (ruleta) que gira continuamente, marcando ciclos de apariciones constantes: nacimiento, muerte, nacimiento, muerte, etc. que se repiten sin cesar; y sólo se puede escapar de esta reencarnación continua, mediante una negación completa de todo deseo carnal y de todo anhelo material. Sólo así se alcanza la felicidad eterna (dicen).
También existe la versión de la existencia de dos sistemas. El sistema que conocemos con el pensamiento convencional, es un sistema en donde existe la referencia del tiempo. Sin embargo, este sistema forma parte de un sistema universal donde no existe la referencia del tiempo; en consecuencia, en el sistema universal no existen los conceptos de “antes” y “después”. Solo tenemos que aprender a pensar sin la restricción del tiempo, nos explican.
Lo anterior y muchas cosas más, vienen a mi mente porque me enteré que mi amigo Jona Jasqui Dabbah, murió hace una semana.
Jona fue secretario de becas en la Sociedad de alumnos de la Facultad de Química, UNAM. Se daban becas de comidas, libros y apuntes. Todo lo organizó de manera que la asignación de las becas, fuera honesta.
Jona creó un comité de becas con la participación de representantes de la Dirección de la Facultad y representantes de los alumnos. El comité de becas asignaba las becas, Jona no formó parte de él, por iniciativa propia.
Con sus propios recursos realizó estudios socioeconómicos de los solicitantes de becas, acudía a sus domicilios, para ver en que condiciones vivían. Revisaba continuamente que las becas y medias becas, las estuvieran recibiendo los que más las necesitaban.
Realizó de manera gratuita muchos trabajos para ayudar alumnos de bajos recursos económicos, ayudó mucho a los boleritos que trabajaban en la Facultad, les dio ropa, comida, medicinas, trato digno, y promovió que muchos hiciéramos lo mismo.
Apoyó a que fueran admitidos alumnos que inicialmente habían sido rechazados (ingreso a la UNAM). Recuerdo la ceremonia cuando el Director de la Facultad, un Aguascalentense distinguido, dijo directamente a los rechazados que serían admitidos como alumnos de la Facultad y les resaltó que NO COSTARÍA NADA, sabía que todo el movimiento para solicitar su ingreso, había sido motivado solo por solidaridad.
Jona promovió los juegos de cáscara de fútbol, en donde convivimos con alegría infinidad de amigos. Era inquieto y lleno de alegría, por eso apareció dos veces en la fotografía general de nuestra generación. Sus actos me permitieron conocer su sensibilidad, solidaridad y amor al prójimo.
Con respecto a conceptos que expreso al inicio de este artículo, concluyo lo siguiente:
1. El alma de Jona ha de estar en el cielo
2. Sí renace su alma, lo hará en otra persona
3. Probablemente alcanzó la felicidad eterna, pues no creo sea cierto el requisito de la negación completa de todo deseo carnal.
4. Jona está en el sistema universal, su muerte no ha sucedido “antes”, ni sucederá “después”.
Además como Jona era Judío creo que alcanzó la “libertad”, pues de acuerdo al judaísmo, la “libertad” reside en actuar de acuerdo a nuestra verdadera naturaleza y objetivos. Se alcanza cuando los tres niveles básicos del alma: Néfesh(instintos), Rúaj(emociones) y Neshamá(pensamientos), actúan en equilibrio y logran que el cuerpo tome conciencia de su naturaleza y su función en el mundo a favor del bienestar del ser humano.
Los judíos dicen que la “libertad” permite fusionarse con la Luz Infinita. Creo que Jona lo logró.
domingo, 3 de marzo de 2013
TIRO DE GRACIA
TIRO DE GRACIA
Autor David Gómez Salas (El Jaguar)
Una noche arribó un automóvil rojo al terreno que colinda con mi huerto. Entró por una parcela abandonada sin cerca al frente, el acceso estaba libre. El automóvil avanzó hacia donde me encontraba y se estacionó en el límite con mi terreno, muy cerca de mí.
Descendió del automóvil, una pareja de enamorados que se abrazaban y besaban. Con rapidez pusieron sobre el suelo una colcha y empezaron hacer el amor frente a mí.
Me retiraba silenciosamente del lugar, cuando el hombre gritó: ¡Quien anda ahí!
—Estoy en mi huerto—Contesté. Seguí caminando para alejarme del lugar y escuché disparos y sentí al mismo tiempo un balazo en mi brazo izquierdo. Corrí al río, es un cauce seco con algunos árboles de mezquite y maleza que crece en el desierto.
Corrí sin detenerme a lo largo del cauce hasta llegar a su cruce con la carretera. Antes de subir a la carretera, revisé mi brazo y me dí cuenta que mi herida era solo un rozón. Sin embargo supuse que por la sangre sería difícil que alguien se atreviera ayudarme y llevarme en su automóvil. Así que decidí seguir caminando por el cauce hasta llegar a las vías del tren y caminé a la ciudad por esa ruta. Era más segura, por ahí mi agresor no podría seguirme en automóvil, no hay forma.
Llegué a casa después de la medianoche, todos dormían. Me bañé y lavé mi herida con detergente, después le puse mercurocromo. Con gasa, presioné ligeramente la herida con mi mano derecha hasta que dejó de sangrar y la herida quedó seca externamente. Coloqué gasa limpia sobre la herida y la fijé con tela adhesiva. Me acosté del lado derecho con el brazo izquierdo arriba y sin moverme.
Al día siguiente, al mediodía, pasé en automóvil frente a mi huerto para observar si había alguien vigilando. Me di cuenta que 50 metros adelante, estaba un carro color gris plata estacionado del otro lado del camino, en sentido contrario al mío. No me detuve, seguí hasta el final del camino, es un tramo cerrado que comunica a varios terrenos con una carretera. Cuando llegué al final del camino di vuelta en “U “. Pasé de nuevo frente al auto estacionado y me di cuenta que en su interior, había una mujer.
El mismo día, a las 5 de la tarde di otra vuelta. Permanecía el carro estacionado con una mujer en su interior. Parecía ser una mujer distinta a la que había visto en la mañana. No estaba seguro, porque al pasar frente al carro, no volteaba descaradamente a verlo, simulaba llevar la vista al frente y voltear brevemente como con cualquier auto.
Pasaron 15 días en que no pude regar mis árboles y el sol los estaba matando. Son árboles jóvenes con raíces aún poco profundas. Así que al dieciseisavo fui al huerto a regar. Para que el agua se infiltre a través del suelo debo regar de tarde noche. De día el agua se evapora muy rápido y no se aprovecha. Mi terreno es arcilloso, sin arena, poco poroso.
Al llegar al huerto, de inmediato vi que estaba el carro gris plateado en el sitio de siempre, lo ignoré. Me estacioné frente al portón, lo abrí, metí mi auto, cerré el portón y me dirigí a mi auto para ir al fondo del terreno. Pero en ese momento el carro gris plata ya estaba frente a mi terreno y como la cerca es de malla ciclónica, la mujer que bajó del auto y yo, podíamos vernos. No podía fingir que no la había visto.
—¡Señor, señor!—Gritó.
Me aproximé a ella, para escucharla. Era una mujer muy joven, delgada, morena, rostro delicado, ojos negros grandes, cejas pobladas y nariz pequeña. Cabello lacio sujetado hacia atrás.
—Necesitamos platicar—Me dijo. No tenga miedo, no le vamos hacer nada. Usted no rajó, no fue a la policía. Mi novio y yo, queremos darle un regalo de agradecimiento.
—Nada hay que agradecer—Le dije.
—Solo queremos platicar, no tenga miedo—Insistió. Suba a mi carro lo llevaré. Usted es un hombre fuerte, yo soy solo una mujer de 18 años ¿Me tiene miedo?
—Necesito darle agua a las plantas, se están secando—Contesté. No me deben nada, me urge regar.
—Espere, voy a llamar por teléfono, a ver que me dicen—Contestó.
Se retiró un poco e hizo la llamada atrás de su coche. Solo habló un minuto y regresó al portón y dijo: Está bien, póngase a regar, pero estamos entrados, rechazó mi invitación.
Caminó a su auto y dijo: espere, quiero enseñarle algo. Llegó al auto, abrió la cajuela y sacó una metralleta. ¿Ve este juguete? Si lo quisiera chingar, lo hubiera chingado, aunque se echara a correr.
Guardó el arma en la cajuela, subió al auto, dio marcha al motor y volteó a verme por la ventanilla. Sonrió y me dijo: nos veremos pronto y la próxima vez no me digas no. Se fue.
Ese día, terminé de regar como a las once de la noche. He aprendido a disfrutar el cielo estrellado del semidesierto, y he aprendido a amar la nobleza de su escasa vegetación. Me gusta estar a oscuras y mis ojos se acostumbran a ver con la tenue luz de la luna, aún cuando no haya luna llena. Así que decidí que a partir de ese día iría a mi huerto solo de noche. Me sentía más seguro, pero no perdía el miedo de que llegaran a visitarme.
Pasaron más de tres meses y cuando ya sentía que no los volvería a ver, apareció la mujer. Arribó a las 9 de la noche, se estacionó fuera de mi huerto. Nos vimos de inmediato, yo estaba abriendo una válvula que se encuentra cerca del camino. Bajó de su auto y me dijo: Buenas noches, mi buen.
—Buenas noches—Contesté. Tenía miedo, aunque ella tuviera 18 años y se viera sin maldad.
—Ábreme quiero platicar contigo—Dijo. No tengas miedo, no te voy hacer nada ¿Estás armado, güey?
—No—contesté. Y abrí el portón.
Pasó al huerto y me dijo: Mataron a mi novio, a mis papás, a mis carnales y a mis amigos. Al final solo quedamos vivos tres y éramos un chingo. Los tres que quedamos vivos, nos despedimos y cada quien jaló por su cuenta, sin saber de los otros, para que en caso que lo agarren, vuele solo.
Vine porque tú eres uno de lo pocos que no me eché ¿Me entiendes?
Me respetaban por mis ovarios bien puestos ¿Me entiendes?
Nunca me temblaron las manos, ni las piernas, ni nada ¿Me entiendes?
Así que pensé, me voy a echar aquel pinche campesino y vine.
Pero ya te dije que no te voy hacer nada y siempre cumplo mi palabra.
Déjame ver tu brazo. No te pasó nada y te disparó muy cerca por la espalda. A esa pinche distancia, yo te hubiera dado en la cabeza, la espalda, donde quisiera. Pero “El Culi” falló. Así le decían mi novio porque él a todos les decía culeros.
Pienso que a partir de esa noche empezó su racha de mala suerte. Por dejarte vivo. Los muertos nunca dan problemas, ni traen mala suerte. Perdí la cuenta de los he matado sin problemas. Pensé que debía darte cuello para terminar mi raja de mala suerte y vengar a “El Culi”.
Mientras yo regaba, ella caminaba a mi lado y a través de ella, habló el diablo. Platicó, casi sin interrupción, cerca de dos horas. Después me dijo: “El Culi” ya está muerto, como mis papás. Así que si voy a cumplirle a un muerto, que sea a mi mamá y no al güey del Culi.
Sacó debajo de su bolso una pistola, la puso en mi cabeza y me dijo: si quieres vivir acuéstate en el suelo y repite lo que yo diga.
—Doña Marisol, perdone a su hija, así como ella me perdonó—Dijo.
—Doña Marisol, perdone a su hija, así como ella me perdonó—Repetí.
—Ya la hiciste, pinche campesino—Dijo. Puso la pistola en mi nariz, se quitó el Top y, con una leve sonrisa, me preguntó:
¿Te gusta mi cuerpo, güey?
—Si
¿Has estado con una hembra como yo?
—No
Pues te la vas a perder, dijo. Guardó su pistola y se fue.
LA AVARICIA
La avaricia
Autor David Gómez Salas
La avaricia inundó el suelo con sus aguas negras
y la parcela se llenó de materia orgánica descompuesta
Crecieron microbios y lombrices en el estiércol
La pérdida de la salud y dignidad, fue la respuesta.
Los que guardaron los escrúpulos en una caja
con la maligna ilusión de recibir una migaja.
Los que fingieron ser ignorantes, tontos y engañados;
lograron ser, lo simulado.
sábado, 2 de marzo de 2013
NO TODO ES EXPERIENCIA
No
todo es experiencia
Autor
David Gómez Salas
Gran
esfuerzo realiza la ciencia
para
enviar al espacio astronautas.
Bien,
pero las galaxias no son cautas
y nos
envían datos con frecuencia
No
ver, no comprueba inexistencia.
La
observación física no da pauta,
si
la parte de deducción es jauta.
Hay
que analizar las evidencias.
Así son la ciencia y la poesía:
La
inspiración da fuerza, motiva
Los
sueños e ideales, son guías.
No
comprobamos todo en la vida,
pues
a la muerte no hay travesías.
Y
por deducción, que siga la vida.
PELEA CALLEJERA (David Gómez Salas, el Jaguar)
PELEA CALLEJERA
Autor David Gómez Salas
En Barrio Nuevo, mi barrio en la ciudad de Tapachula Chiapas, una tarde-noche el Chilaco se iba a pelear con Juan. El Chilaco dos años mayor que Juan, con más estatura y musculatura, se veía invencible. Su aspecto sucio de vago, lo hacía ver con mucha experiencia en peleas callejeras.
Alrededor de los contendientes estábamos, como espectadores, quince jóvenes y niños. Algunos adultos observaban al grupo desde las puertas de sus casas y otros desde la tienda de la esquina.
Nacho, que era nuevo en el barrio, se acercó a ver la pelea que se pronosticaba sería desigual. Juan media cinco centímetros menos de estatura, además era más joven y delgado. Vestía ropa limpia, estaba bien peinado, se veía pulcro y educado. Tenía en la mano derecha, una vara de bambú de un metro de largo, color amarillo con manchas color café.
Juan debía pelear con aquel energúmeno para no ser calificado, por los demás, de cobarde. Estaba en juego su honor.
El Chilaco se quitó la camisa para iniciar la pelea, mostró sus fuertes músculos y se colocó en el centro del círculo de espectadores.
El turno era de Juan, lo estaban esperando...
Juan extendió el brazo derecho invitando a Nacho a que sostuviera su vara de bambú, para poder enfrentar a mano limpia al temible Chilaco. Eran las reglas de la calle.
Cuando Nacho tomó la vara de bambú, todos huimos del lugar: Incluso Juan y el feroz Chilaco.
Nacho, descontrolado, sintió que la vara estaba mojada y tardó dos segundos en darse cuenta que la vara de bambú estaba embarrada con excremento. Excepto el sitio donde Juan la había agarrado.
viernes, 1 de marzo de 2013
KOMADA (David Gómez Salas, el jaguar)
KOMADA
Autor David Gómez Salas
Al excavar junto al río, encontré nueve piezas de metal con un grabado rústico que decía 24 K. Parecían tabiques de color amarillo. Las limpié y de inmediato imaginé que eran de oro (zlato), brillaban.
No vivo en mi parcela y no deseaba trasportar el oro a casa porque en la carretera al pueblo existían dos retenes: uno de soldados y más adelante otro de policías. Podrían revisar mi morral y quitarme el oro.
Tampoco podía dejarlo enterrado en el mismo sitio, porque la gente va seguido al río.
Así que hice un cajete en medio del terreno, entre las hortalizas, puse los nueve tabiques de oro en tres filas, las cubrí con tierra y encima encajé plantas de ajo. Dejé el oro enterrado en mi parcela y fui a casa.
Al camión de pasajeros que tomé para ir al pueblo, lo detuvieron en los dos retenes y en ambos revisaron mi morral. Por primera vez sentí alegría por tener el morral vacío, así que sonreí cuando lo revisaban.
Concluí que aunque ya era rico, seguiría vistiendo como pobre, para que nadie pensara en robarme.
¿De que me servirá ser rico, si seguiré viviendo como pobre?, me preguntaba. Y me convencía mi mismo: será por mi seguridad.
Decidí evitar que visitaran mi parcela, para cancelar la posibilidad de que fueran a descubrir el oro.
—¿Cómo venderé el oro?—me pregunté. En mi comunidad no hay bancos, solo hay tiendas de abarrotes.
Si viajo hasta el banco de la ciudad regional, cuando les muestre el oro, pensarán que lo robé. Pues notarán que soy campesino (seljak).
Un día fui a la ciudad regional y visité una tienda llamada Mr. Gold , que tiene un letrero que dice: compro oro en joyas y en “pedacería” (komada). Pagaban a 4,125 dinares el gramo de oro de 18 kilates. De 24 kilates casi no hay, me dijo la señorita que atendía, pero si tienes algo de 24 kilates, lo pagamos a 5,500 dinares el gramo.
Al día siguiente llevé una báscula a mi parcela. No pesaban lo mismo todos los lingotes, había diferencias de gramos. En total los nueve lingotes pesaban 173 kilos 790 gramos. Si el oro era de 24 kilates, todo valía más de 955 millones de dinares, 8.9 millones de dólares.
Con marro y cincel, corté una rebanadita en una orilla, más o menos dos gramos y viajé de nuevo a la ciudad regional.
No puedo saber de cuantos kilates es tu oro—dijo la señorita.
Pensaba que traerías un anillo o una cadena rota, que ya tiene grabado de fábrica, los kilates. Solo puedo comprarlo, si lo dejas para que el dueño haga unas pruebas para conocer el “kilataje”.
—¿Cuánto tiempo?—pregunté.
—No sé—contestó de inmediato. Bueno, una semana o más. ¿Lo dejas?
—Dejaré la mitad—contesté. Con una navaja corté la laminilla, más o menos, a la mitad. Pésala por favor, le dije mientras la entregaba.
Pesó 1.1 gramos.
—Bueno, déme un recibo por favor y regresaré el próximo miércoles—le dije.
Me dio el recibo y dijo: hasta el miércoles después de las tres de la tarde, adiós (zbogom).
Fui a otras dos tiendas que compran oro. En una de ellas me dijeron que solo compraban oro en alhajas. En la otra me pidieron que llevara primero una identificación oficial y comprobante de domicilio.
El miércoles siguiente acudí a la tienda Mr. Gold (zlato).
—Dice el patrón que te pagará a 4 mil dinares el gramo—dijo la señorita.
Me dijo que te explicara que te paga solo 3 gramos porque se pierde oro al realizar la prueba y que además te descuenta 2 mil dinares por la prueba del “kilataje”, Así que, aquí tienes 2 mil dinares.
—Está bien—contesté. Te dejaré otro tanto, pésalo por favor. (Pesó 3.1 gramos).
—Te pagarán 10 mil dinares en total, descontando el costo de la prueba—me dijo. Nos vemos el próximo miércoles, añadió al entregarme el recibo.
Los boletos del autobús costaban 600 dinares, así que gastaba 1,200 dinares de ida y vuelta. Por lo tanto necesitaba vender 4.65 gramos para que me quedaran 15 mil dinares (140 dólares), después de descontar la pérdida de oro, el costo de la prueba y los pasajes de autobús.
Era difícil cortar una rebanadita con el peso deseado exacto, lo cortaba con un cincel. Me convenía llevar una sola tira, si llevaba dos me descontaban dos pruebas y dos pérdidas de oro. Cada vez tenía más práctica para cortar tirillas de casi 5 gramos y me sentía con más confianza con Jasna, así se llamaba la señorita que atendía en Mr. Gold.
Había realizado 12 entregas y cuando fui a cobrar esta y realizar la treceava entrega…
— David, ya no vengas; el dueño sospecha de ti—me dijo Jasna. Está pensando en llamar a la policía. Está intrigado sobre el origen de tu oro. ¿De dónde sacará el oro, este campesino? Ha preguntado varias veces
Busqué a Marius un viejo amigo, que tiene casi ochenta años y mantiene gran claridad. Le pedí consejos.
—¿Si encontraras un tesoro, que harías?—pregunté.
—Para cualquier persona es una bendición encontrar un tesoro. Disfrútalo, los riesgos forman parte de la vida—contestó.
Pensé que si Mr. Gold hubiera seguido comprándome 5 gramos cada semana, habría asegurado ingresos por más tiempo del que se puede vivir.
Decidí que podría vender el oro fabricando alhajas, para lo cual necesitaba comprar herramienta y equipo. Necesitaba mudarme a una ciudad que fuera muy grande, para pasar inadvertido y abrir una joyería. Al principio vendería joyas de marca conocidas y después iría vendiendo mis propios productos.
Corté un pedazo grande de oro, aproximadamente medio kilogramo y viajé a la gran ciudad para comprar las herramientas. Salí a las 6 de la tarde, normalmente era un viaje de 4horas. Arribaría a la gran ciudad a las 10 de la noche.
Pero a las ocho de la noche, empezó a caer una lluvia de proyectiles que explotaban por todas partes, iluminando el cielo y destruyendo la carretera y los vehículos.
El chofer condujo el autobús fuera de la carretera, lo detuvo y gritó: huyan, corran, aléjense de la carretera.
El bombardeo duró hasta las cinco de la mañana, caminamos de regreso dos días. Cuando llegamos todo el pueblo estaba destruido, había tanques y soldados por todas partes.
Intenté ir a mi parcela, pero estaba prohibido ir a los campos de cultivo. Solo nos permitían viajar al sur, a la costa. Debíamos abandonar el país por barco, porque ésta Nación, donde nacimos, ya no era nuestra. Se apropiaron de las casas, negocios, parcelas…de todo. Fuimos expulsados, desterrados por nuestro origen étnico.
Actualmente vivo en México, en la costa de Chiapas, el Soconusco, rodeado de selva exuberante, con grandes tormentas, y gente apasionada. Aquí recuerdo el consejo de mi amigo Marius: “es una bendición encontrar un tesoro. Disfrútalo, los riesgos forman parte de la vida”.
No fue mejor aquella vida, fue aterrador el final. Pero pienso mucho en esa etapa. Me duele aceptar la idea de que ya no existe mi patria natal, la que conocí completa, no en pedazos (komada).
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